























Una tarde de verano en la terraza, una limonada casera, un vermú con amigos: con el hielo justo, todo sabe mejor. Las máquinas de hacer hielo garantizan que nunca falten cubitos, sin depender del congelador ni de cubiteras olvidadas, y convierten cualquier reunión improvisada en algo más fácil.
La mayoría son aparatos de sobremesa que producen los primeros cubitos en pocos minutos tras llenar el depósito de agua. Suelen ofrecer dos o tres tamaños de cubito y una cesta interior donde se acumula el hielo listo. Algunos modelos fabrican hielo en forma de bala, otros cubitos macizos y transparentes, más lentos de fundir, y los más completos producen también hielo picado. Hay versiones con conexión fija a la toma de agua y opciones integrables para cocinas o barras de bar en casa. Fíjate en la producción diaria, la capacidad de la cesta y el nivel de ruido.
Como suele quedarse a la vista durante la temporada de calor, el diseño importa. El acero cepillado combina con otros electrodomésticos, mientras que los acabados en blanco o negro resultan discretos. Un consejo de estilo: colócala junto al carro de servicio o en el rincón de bar, con una cubitera de metal, unas pinzas y vasos bajos, y tendrás una pequeña estación de cócteles lista para recibir.
El precio depende de la producción por día, la capacidad del depósito, el tipo de hielo, los materiales y el aislamiento. Los modelos compactos de sobremesa son los más asequibles, y los integrables o los que fabrican hielo transparente, bastante más caros.
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