























Una esquina del salón suele ser espacio desaprovechado. Un sofá rinconero la convierte en el centro de todo: sitio de sobra para varias personas, una forma clara y la posibilidad de dividir la estancia en zonas. Los sofás rinconeros gustan especialmente cuando salón y comedor se funden y el sofá debe hacer de frontera suave.
La pregunta clave es dónde irá el lado largo. Muchos modelos se ofrecen con el chaise longue a la izquierda o a la derecha, y algunos se pueden montar en cualquiera de los dos sentidos. Además de la clásica forma en L, encontrarás versiones con cama, arcón o mecanismo relax motorizado. Mide los dos lados y deja al menos 60 centímetros de paso alrededor del sofá para que la estancia respire.
Las grandes superficies tapizadas agradecen una tela con algo de textura, porque disimula las pequeñas huellas del uso. El bouclé, los tejidos planos o la pana en neutros cálidos resultan acogedores, y los colores más oscuros como antracita o azul petróleo aportan aplomo. Si el rinconero queda exento en la estancia, una consola o un aparador estrecho en la parte trasera da sensación de orden. Sobre el chaise longue luce bien una bandeja donde dejar el té y el libro.
El abanico de precios es amplio y depende del tamaño, la tapicería, la base y las funciones extra. Los modelos con muelles, espuma de alta resiliencia y ajuste eléctrico de la profundidad del asiento se sitúan por encima de las versiones sencillas con muelles ondulados. Las fundas extraíbles y los bastidores de madera maciza son también una señal de calidad.
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