























Agua hirviendo en un par de minutos, sin ocupar un fuego ni vigilar el cazo: los hervidores de agua resuelven en silencio muchos pequeños momentos del día. La infusión antes de dormir, el caldo instantáneo de un mediodía con prisas o el agua para escaldar unos tomates salen antes y con menos gasto que en la placa.
La capacidad habitual va de 1 a 1,7 litros, suficiente para varias tazas o para adelantar el agua de la pasta. Merece la pena fijarse en una ventana de nivel bien visible, un filtro que retenga la cal, una base giratoria sin cables y un apagado automático fiable cuando el agua rompe a hervir o el depósito está vacío. Los modelos con varias temperaturas preparadas son útiles si alternas infusiones, café de filtro o leche para bebés.
En cuanto a estilo, un hervidor de acero cepillado acompaña bien a los electrodomésticos de cocina de aspecto profesional, mientras que uno de cristal transparente aporta ligereza a una encimera pequeña. Los lacados en arena o terracota ponen color sobre frentes blancos. Idea de estilismo: déjalo junto a la ventana sobre una bandeja de madera con un tarro de miel y un par de tazas desparejadas, y el gesto de calentar agua tendrá algo de pausa.
En el precio influyen la potencia, que acorta el tiempo de hervido, los materiales del cuerpo y del interior, la regulación de temperatura y lo silencioso que sea. Los modelos básicos son muy asequibles, y los de doble pared que no queman al tacto o los de diseño cuestan algo más.
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