























Un carro de servicio es uno de esos muebles que alegran el día. Lleva el café y los cruasanes a la terraza, acerca el aperitivo al salón o se queda en un rincón como pequeño bar, listo para la próxima cena con amigos. Pocas piezas son tan flexibles y tienen tanto encanto.
La mayoría de los carros de servicio tienen dos o tres niveles y cuatro ruedas, de las que al menos dos deberían tener freno. Algunos llevan bandejas extraíbles, otros un cajón para los cubiertos o soportes para botellas y copas. Los modelos plegables se guardan sin ocupar espacio cuando no se usan. En el día a día suelen asumir otros papeles: superficie auxiliar móvil en la cocina, carrito para plantas o mesita en el baño para toallas y productos de cuidado.
El latón y el cristal evocan la elegancia de los años cincuenta y lucen especialmente junto a maderas oscuras y tapicerías de terciopelo. El metal negro es más sobrio y encaja con el estilo industrial. Si prefieres algo más natural, hay carros de bambú, ratán o madera clara. Una idea para la versión bar: arriba, una jarra, dos o tres copas bonitas y una ramita en un jarrón; abajo, algunas botellas y un libro de cócteles. Resulta acogedor sin parecer un quiosco.
El precio depende del material, la estabilidad y la calidad de las ruedas. Las estructuras ligeras de metal son económicas, mientras que la madera maciza, el latón auténtico y los cristales bien acabados lo hacen subir.
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