























Alrededor de la mesa transcurre la vida: se desayuna, se hacen manualidades, se trabaja y se celebra. Las sillas de comedor acompañan todos esos momentos, así que tienen que cumplir varias cosas a la vez: ser cómodas, resistir el uso y verse bien aunque se muevan cada día.
La variedad va desde sencillas sillas de cuatro patas en madera hasta modelos con asiento tapizado, sillas de patín o versiones giratorias. Un respaldo ligeramente curvado sostiene la zona lumbar, y un asiento de unos 45 centímetros de fondo resulta cómodo para la mayoría. Si tienes parqué o tarima, busca protectores de fieltro que eviten arañazos. También son prácticas las fundas extraíbles o fáciles de limpiar, sobre todo cuando hay niños a la mesa.
Las sillas de comedor quedan más armoniosas cuando dialogan con la mesa sin copiarla. A una mesa maciza de madera le sientan bien sillas con patas metálicas finas o tapizados en tonos naturales; junto a una mesa con sobre de piedra clara, las sillas de madera oscura aportan equilibrio. Un consejo para ganar ligereza: elige respaldos abiertos, así la mirada atraviesa el espacio, algo muy útil en cocinas comedor pequeñas.
En el precio cuentan el material, la fabricación, la calidad del tapizado y el diseño. Como a menudo se compran de cuatro a ocho sillas a la vez, conviene fijarse en lotes de dos o de cuatro. La madera maciza y las telas de calidad cuestan más, pero también duran muchos años.
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