























Antes de que alguien entre en tu casa, ve el felpudo. Como primera impresión, retiene la suciedad y la humedad y hace que el recibidor y los suelos se mantengan limpios más tiempo. Un felpudo bien elegido es, por tanto, práctico y a la vez una pequeña bienvenida que muestra el cuidado que pones en tu hogar.
Hay felpudos para exterior, robustos y resistentes a la intemperie, y felpudos para interior, que absorben la humedad y resultan más suaves. Los de retención de suciedad con base de caucho son antideslizantes y van muy bien en la entrada, y los de fibra de coco eliminan el barro grueso de las suelas. Para portales con mucho tránsito existen formatos grandes que cubren todo el ancho de la puerta, y para pisos pequeños, piezas compactas que caben frente a la puerta sin estorbar.
El coco y el sisal resultan naturales y combinan bien con madera y piedra. Los de fibra sintética son fáciles de cuidar y a menudo lavables a máquina, y los de caucho son especialmente duraderos en exterior. En color, el antracita, los tonos naturales y los verdes apagados son buena elección, porque disimulan la suciedad. Un consejo para la entrada: coloca junto a un felpudo de coco una maceta de terracota o un banco de madera y la puerta se verá acogedora al instante.
En el precio marcan la diferencia el material, el tamaño y el acabado. Los felpudos sencillos son asequibles, y los de coco puro o con diseños personalizados cuestan algo más. Los formatos grandes y las calidades muy densas, que mantienen la forma durante años, se sitúan en la franja alta.
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