























Quien tiene una escalera de madera en casa conoce bien sus sonidos: pasos que retumban, perros que resbalan, niños que bajan saltando. Las alfombras para escalones devuelven la calma a la escalera, porque amortiguan el ruido, dan más agarre a los pies y protegen la madera de arañazos sin que los peldaños desaparezcan bajo una moqueta continua.
Las hay de distintas formas. Las rectangulares son el compromiso clásico, y las semicirculares se adaptan bien a escaleras curvas. El acabado más limpio se consigue con modelos que abrazan el borde del peldaño, porque protegen también la arista delantera. Suelen fijarse con cinta adhesiva, velcro, un revestimiento antideslizante o pequeños clavos de tapicería, según cuánto quieras cuidar la escalera.
En materiales, la oferta va del sisal a la lana y las fibras sintéticas. El sisal resulta natural y robusto, la lana es más suave y cálida bajo los pies, y las sintéticas se limpian con facilidad. Para un efecto sereno, escoge un tono apenas más oscuro que la madera. Si te apetece algo más atrevido, unas alfombras para escalones en ocre cálido o verde oliva ponen una nota de color preciosa en un recibidor neutro.
En el precio cuentan sobre todo el material, el número de piezas y el acabado. Muchas se venden en lotes, lo que reduce el coste por peldaño. Los modelos envolventes con bordes cosidos son más laboriosos y algo más caros, igual que la lana y los tejidos densos.
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