























El edredón adecuado se nota, sobre todo, porque no lo notas. Te duermes sin tiritar y te despiertas sin haberlo apartado a patadas. Los edredones determinan en gran medida lo reparadoras que son tus noches y, a la vez, marcan el aspecto del dormitorio en cuanto quedan bien ahuecados sobre la cama.
La variedad es amplia. Los edredones de plumas son ligeros y abrigan, los de pelo de camello regulan muy bien la humedad y los de microfibra son fáciles de cuidar y a menudo aptos para alérgicos. Los edredones de fibras naturales, con rellenos de lana virgen, algodón o seda, convencen a quien apuesta por materiales nobles. Los edredones para todas las estaciones ofrecen un término medio sólido durante el año, y los edredones acolchados mantienen el relleno repartido en compartimentos cosidos.
Para elegir, piensa en cómo duermes. Si eres de frío, compensa un edredón de plumas o de lana con un nivel de abrigo alto; si sudas con facilidad, mejor modelos ligeros o de camello. Las medidas deben ajustarse a tu cama: en una de 150 centímetros suele ir un edredón de unos 240 de ancho para que caiga bien por los lados. En lo estético, la manta o plaid tiene mucho peso: un plaid de lino en tonos arena a los pies hace que la cama resulte acogedora al instante.
El coste depende sobre todo del relleno. El plumón de calidad y el pelo de camello son más caros que las fibras sintéticas, y también influyen el tejido de la funda, la confección y las certificaciones. Un buen edredón te acompaña muchos años, por eso la calidad compensa.
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