























Caminar descalzo sobre una alfombra de pelo largo se siente como una pequeña pausa. Sus fibras largas ceden bajo los pies, amortiguan cada paso y convierten el salón o el dormitorio en un lugar donde apetece sentarse en el suelo, jugar o simplemente tumbarse.
Se consideran de pelo largo las alfombras con una altura de pelo a partir de unos 15 milímetros, y las versiones más largas y desgreñadas suelen llamarse shaggy. Las fibras más comunes son polipropileno, poliéster, lana o viscosa. Las sintéticas son fáciles de cuidar y tienen colores intensos, la lana repele la suciedad de forma natural y regula la temperatura, y la viscosa aporta un brillo sedoso. Como recogen bastante polvo, conviene aspirarlas a menudo sin cepillo giratorio.
Visualmente crean un ambiente suave y acogedor. Los tonos claros, como crudo o gris perla, resultan lujosos y encajan en un dormitorio tranquilo. Los colores más oscuros, como antracita o azul petróleo, disimulan mejor el uso y aportan profundidad al salón. Un consejo: combínalas con superficies lisas como el cristal o la madera lacada para lograr un contraste interesante entre lo mullido y lo nítido.
En el precio cuentan el material, la altura del pelo, la densidad y el tamaño. Las de fibra sintética son asequibles, y los modelos tufting a mano en lana o viscosa se sitúan por encima. Una densidad alta hace que la alfombra mantenga su forma y no se vea aplastada con el tiempo.
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