























Cuando el recibidor apenas es más ancho que una puerta, cada centímetro cuenta. Los zapateros de tapa abatible están pensados justo para estos casos: con una profundidad que a menudo ronda solo los 17 a 25 centímetros, quedan casi a ras de la pared y aun así guardan una cantidad sorprendente de pares. Por fuera parecen una cómoda estilizada; por dentro esconden un mecanismo muy ingenioso.
El principio es sencillo: cada tapa se inclina hacia delante y detrás los zapatos quedan en diagonal, con la puntera hacia abajo. Según el modelo hay uno, dos o tres compartimentos abatibles superpuestos, y algunos añaden un cajón para el betún o las llaves. Comprueba la altura de los compartimentos, porque los botines altos no caben en todos, y no olvides fijarlo a la pared, algo importante por seguridad en muebles tan estrechos. Las versiones suspendidas dejan el suelo libre y facilitan la limpieza.
Los frentes blancos de alto brillo hacen que los recibidores pequeños parezcan más abiertos, mientras que los acabados mate en verde salvia, beige o antracita resultan más tranquilos y acogedores. Los acabados imitación roble recogen el tono del parqué o la tarima. Las tapas sin tirador subrayan la línea sobria. Encima queda sitio para un cuenco, una lámpara pequeña o un jarrón con ramas, y así el zapatero se convierte en la superficie de apoyo del día a día.
Las diferencias de precio se deben al material, la robustez del mecanismo, el número de compartimentos y los acabados. Los modelos sencillos de aglomerado revestido son económicos; los lacados o chapados con herrajes suaves se sitúan más arriba.
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