























Hay armarios que no caben en ninguna etiqueta y, precisamente por eso, resuelven lo que otros no pueden. En otros armarios reunimos esas piezas singulares: el mueble auxiliar que se convierte en mueble de entrada, el armarito de estilo antiguo que guarda la colección de vinilos o la columna estrecha que llena un hueco imposible.
Aquí aparecen armarios de una sola puerta para huecos pequeños, roperos individuales de aire clásico, armarios con persiana o puertas plegables, módulos de almacenaje para lavaderos y trasteros y muebles de taquilla con espíritu industrial. También piezas de doble uso, como armarios con superficie de trabajo plegable o con percha integrada. Antes de elegir, piensa qué vas a guardar y dónde irá el mueble, porque eso decide el fondo, la altura y el tipo de apertura.
Al ser piezas sueltas, ganan protagonismo cuando se tratan como mueble y no como solución de emergencia. Una taquilla metálica lacada en verde oliva, un armario de madera envejecida con tiradores de porcelana o un mueble de caña tejida aportan carácter. Un consejo: coloca encima una lámpara pequeña o un cuadro apoyado y el armario dejará de parecer un recurso para convertirse en un rincón con intención.
El precio depende del material, la fabricación, el tamaño y el estado en las piezas de estilo vintage. El metal y el tablero laminado son más asequibles, la madera maciza trabajada a mano y los acabados especiales cuestan más.
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