























Almacenaje que flota: los armarios de pared liberan el suelo y crean sitio donde antes solo había pared vacía. En el salón guardan libros, juegos o aparatos, en el recibidor llaves y pequeños objetos, y en las cocinas abiertas unen orden con una imagen tranquila y despejada.
Las formas son muy variadas. Hay armarios colgantes largos y estrechos que quedan muy bien sobre un sofá o un banco, cubos de pared que se combinan formando cuadrículas y armarios de pared altos con puertas para guardar más volumen. Las puertas abatibles se abren hacia arriba, las correderas no ocupan espacio delante del mueble y los huecos abiertos admiten cestas. Planifica bien la altura de montaje: sobre un sofá deberían quedar al menos 40 centímetros hasta el respaldo para que nadie se dé con la cabeza.
Como cuelgan a la altura de los ojos, sus frentes llaman especialmente la atención. Los frentes sin tirador en laca mate resultan serenos y minimalistas, la madera con veta visible aporta calidez y los frentes acanalados o de rejilla añaden textura. Una fila de dos o tres armarios a la misma altura se ve ordenada, una disposición escalonada resulta más lúdica. Encima puedes colocar marcos o una planta colgante.
El precio lo determinan el material, el tamaño, los herrajes y el sistema de fijación. La madera maciza, las bisagras amortiguadas y los colgadores ocultos son de mayor calidad y más caros que los modelos sencillos de aglomerado. Fíjate en la capacidad de carga indicada.
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