























En el baño se acumulan más cosas de las que parece: toallas, productos de cuidado, limpiadores, rollos de repuesto, el secador. Los armarios de baño dan a todo ello un sitio fijo detrás de frentes cerrados. El resultado es una imagen serena, en la que lo bonito queda a la vista y lo demás se guarda con discreción.
Según el espacio y lo que necesites, puedes combinar varios tipos. Los armarios bajo lavabo aprovechan el hueco bajo el lavamanos, los armarios con espejo unen reflejo y almacenaje a la altura de los ojos. Los armarios de pared de baño quedan suspendidos y dejan el suelo despejado, los armarios midi ofrecen una altura media con una práctica superficie de apoyo encima. Los armarios altos aprovechan al máximo la altura de la estancia y guardan muchísimo en muy poca superficie. Al combinar varios de ellos se consigue una pared de baño que parece hecha de una sola pieza.
Lo esencial son materiales resistentes a la humedad y cantos bien sellados para que nada se hinche. Los frentes lacados en blanco, salvia o topo resultan frescos, los acabados en madera aportan naturalidad. Un consejo: mantén todos los frentes en un mismo tono y pon el acento en los tiradores, por ejemplo barras finas de latón. Los pequeños organizadores interiores suman orden dentro de cada balda.
El precio depende del tamaño, el material, los herrajes y el equipamiento. Las puertas con cierre suave, las baldas regulables, los enchufes integrados o la iluminación lo elevan, igual que la madera maciza frente al aglomerado.
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