























Un banco cambia el ambiente al instante. Donde las sillas marcan plazas individuales, los bancos invitan a juntarse: los niños se apretujan sin pensarlo, los invitados encuentran sitio aunque sea tarde y la comida resulta enseguida más sociable y relajada. Y no solo en el comedor: también en el dormitorio o en la entrada un banco ofrece un lugar donde detenerse un momento.
La variedad es amplia. Los bancos esquineros aprovechan al máximo un rincón y crean un office acogedor, mientras que los bancos con respaldo ofrecen más comodidad para las sobremesas largas. Los bancos con almacenaje y otomanas guardan mantelería o juegos bajo el asiento, y los sofás de cocina llevan la comodidad del tapizado a la mesa. Fuera del comedor, los bancos para recibidor y los bancos zapateros facilitan calzarse, y los bancos pie de cama completan el dormitorio. En la mesa, comprueba la altura del asiento: suele situarse entre 45 y 48 centímetros.
Los bancos de madera maciza en roble resultan auténticos y envejecen con encanto. Las versiones tapizadas en bouclé, pana o lino aportan suavidad. Una combinación preciosa surge al colocar un banco a un lado de la mesa y, al otro, sillas distintas unidas por el color o el material. Unos cojines y una manta de lino hacen que el banco resulte especialmente acogedor en invierno.
El precio depende de la longitud, el tipo de madera, el tapizado y funciones extra como el almacenaje. Un banco sencillo de tablero es asequible, mientras que los modelos macizos con tapicería de calidad o un banco esquinero a medida cuestan bastante más.
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