























Por la mañana, una mirada rápida, un gesto, y ya tienes a mano cepillo de dientes, crema y maquinilla. Los armarios con espejo reúnen en un solo mueble dos de las funciones más importantes del baño. Crean almacenaje justo donde lo necesitas y dejan el lavabo libre de tubos y frascos.
Hay modelos de una, dos o tres puertas, normalmente con anchos de 40 a 120 centímetros para acompañar al lavabo que queda debajo. Muchos incorporan iluminación LED que reparte la luz de manera uniforme sobre el rostro, y en el interior un enchufe para el cepillo eléctrico o la afeitadora. Las puertas con espejo por ambas caras facilitan verte la nuca. Los armarios empotrados se integran en la pared y resultan especialmente planos y elegantes, aunque requieren obra previa.
En la iluminación conviene elegir luz blanca neutra con buena reproducción del color, para que el maquillaje se vea natural. Los marcos de aluminio aligeran, los cuerpos de madera aportan calidez. Un consejo de estilo: elige el armario un poco más estrecho que el mueble de lavabo y céntralo encima, así la proporción resulta equilibrada. Las baldas de cristal dejan pasar la luz y parecen más ligeras que las de madera.
El precio aumenta con el ancho, la iluminación, la calidad de los materiales y funciones como interruptor táctil, regulación de intensidad, espejo antivaho o bisagras con cierre suave. Los modelos sencillos sin luz son económicos, los iluminados de marca se sitúan bastante por encima.
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