























Un cuchillo afilado cambia la manera de cocinar. Los tomates se abren sin esfuerzo, las hierbas quedan finas en lugar de machacadas y cortar se vuelve un gesto tranquilo y preciso. Los cuchillos son la herramienta más importante de cualquier cocina, y uno bueno te acompaña durante muchos años.
Para el día a día bastan pocos tipos. El cuchillo de chef, con una hoja de 18 a 22 centímetros, es el todoterreno para verduras, carne y hierbas. El santoku, de origen japonés, tiene una hoja más ancha y plana, ideal para cortes precisos. Un cuchillo pequeño de pelar se encarga de los trabajos finos, y el cuchillo de pan, con filo dentado, corta las cortezas sin aplastar la miga. Completan la familia los cuchillos para filetear, para tomate o para carne.
El acero inoxidable al cromo molibdeno es resistente y fácil de mantener, y el acero damasco, con su veteado característico, destaca por su filo y su aspecto único. El acero al carbono desarrolla pátina y necesita algo más de cuidado, mientras que las hojas de cerámica conservan el filo mucho tiempo, aunque son sensibles a los golpes. Los mangos de olivo, nogal o madera prensada resultan cálidos en la mano, y los de plástico, muy higiénicos. Idea de estilismo: un cuchillo con mango de madera sobre una gran tabla de roble luce precioso incluso en una cocina abierta.
En el precio cuentan el tipo de acero, la dureza, el proceso de forja y la procedencia. Los cuchillos forjados a mano cuestan más que los modelos troquelados. El cuidado forma parte del juego: lávalos a mano y afílalos con regularidad.
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