























Un vaso de agua fresca con una rodaja de limón, el zumo recién exprimido del desayuno, una limonada casera en verano: los vasos pasan por tus manos más que casi cualquier otro objeto de la cocina. Precisamente por eso merece la pena elegir unos que resulten agradables al tacto y que te gusten cada día.
Las formas básicas se explican rápido. Los vasos bajos tipo tumbler son anchos y estables, ideales para agua, zumo o una bebida con hielo. Los vasos altos de tubo, esbeltos, van bien para refrescos, té helado o cócteles largos. Los vasos sin pie de forma recta se apilan y ahorran espacio en el armario. La capacidad suele oscilar entre 250 y 400 mililitros, y en casas con niños resultan prácticos los vasos de paredes algo más gruesas y resistentes.
Las superficies estriadas y los vasos ligeramente tintados en gris ahumado, ámbar o verde salvia resultan muy vivos y atrapan la luz de forma preciosa. El vidrio transparente y fino es elegante y sencillo, y el vidrio reciclado con pequeñas burbujas tiene un carácter natural y artesanal. Idea de estilismo: deja una jarra de cristal y dos vasos sobre una bandeja pequeña en la mesa del comedor; invita a beber y queda muy acogedor.
El precio depende de la calidad del vidrio, el proceso de fabricación y la marca. Los vasos de vidrio prensado son asequibles, y los soplados a boca o de cristal sin plomo, más caros. Los juegos de seis o más piezas suelen salir mejor por unidad, y aquí que sean aptos para lavavajillas es casi imprescindible.
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