























En muchas casas, las esquinas se quedan vacías porque parece que nada encaja en ellas. Las estanterías rinconeras cambian eso: convierten el ángulo muerto en espacio de almacenaje y regalan un sitio nuevo a plantas, libros o pequeños objetos.
Básicamente hay dos tipos: las rinconeras para esquinas interiores, que se adaptan al ángulo, y las pensadas para esquinas exteriores, que rodean una arista, por ejemplo al final de una encimera o de un mueble de salón. A esto se suman los modelos de pie, que pueden llegar casi hasta el techo, y las versiones murales que parecen flotar. Algunas son triangulares, otras tienen forma de cuarto de círculo o de L con dos lados rectos. Mide antes el ángulo, porque no todas las paredes forman un ángulo recto perfecto.
Como los rincones suelen quedar en penumbra, un acabado claro evita que la estantería desaparezca. La madera blanca o el bambú claro resultan ligeros, el metal negro dibuja una línea gráfica. Una idea preciosa es llenar la rinconera de plantas colgantes cuyos tallos caigan entre las baldas. También una guirnalda de luces o una lámpara recargable aportan calidez al rincón.
El precio se define por el material, la altura, el número de baldas, la capacidad de carga y el tipo de montaje. La madera maciza, las baldas de cristal y las soluciones a medida cuestan más que los modelos sencillos de metal o tablero recubierto.
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