























En las estanterías se guardan los pequeños y grandes tesoros de la infancia: cuentos ilustrados, piedras recogidas en el campo, manualidades, el primer puzle. Las estanterías infantiles ponen orden y, al mismo tiempo, muestran lo que de verdad importa a los peques.
Las estanterías de cubos se llenan con cajas y, tumbadas, sirven de banco bajo o, de pie, de separador. Las librerías con los cuentos de frente invitan a hojear incluso a los más pequeños, porque ven las portadas. Los estantes de pared, las estanterías con forma de casita y las colgantes ahorran superficie. Para los juguetes son ideales los modelos bajos, que los niños alcanzan solos. Es importante fijar a la pared las estanterías altas, porque a los niños les encanta trepar.
La madera clara, el lacado blanco y los tonos pastel resultan alegres, y los colores más oscuros aportan contraste. Un consejo de estilo: usa las baldas superiores para decoración y recuerdos, y las inferiores para lo que se usa a diario. Combina huecos abiertos con cestas de junco o cajas de fieltro; así el conjunto se ve tranquilo aunque dentro reine un alegre desorden. Una guirnalda de luces o una lamparita en la estantería hace acogedor el rincón de lectura por la noche.
El material, el tamaño y la estabilidad determinan el precio. Las estanterías sencillas de tablero son económicas, mientras que la madera maciza, las formas especiales o los modelos con cajones cuestan más. Las cajas y los accesorios suelen venderse aparte.
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