























Tener unas cuantas botellas a mano dice mucho de una casa que disfruta recibiendo. Un botellero ordena esa pequeña reserva, protege cada botella y, bien elegido, se convierte en un detalle decorativo más de la cocina o el comedor.
Los formatos son muy variados. Los botelleros de encimera, para media docena de botellas, caben en cualquier rincón; los de suelo, con varias alturas, acogen colecciones más generosas; y los apilables crecen módulo a módulo según vas sumando vinos. También hay modelos de pared que dejan el suelo libre y botelleros integrados en estanterías o aparadores. Lo esencial es que las botellas con tapón de corcho descansen en horizontal para que este no se reseque, y que los huecos sean lo bastante anchos para formatos más voluminosos.
La madera natural, sobre todo el roble o el pino sin tratar, evoca el ambiente de una bodega tradicional, mientras que el hierro forjado o el acero lacado en negro aportan un aire más urbano. Las versiones de bambú resultan ligeras y frescas. Idea de estilo: coloca el botellero junto a una bandeja con un par de copas y una jarra de cristal y tendrás un rincón listo para una cena improvisada. Busca para él una zona fresca y en penumbra, lejos de los fogones y del sol de la tarde.
El coste depende del número de botellas que admite, del material y de la calidad de las uniones. Los modelos pequeños de metal o bambú son asequibles; los sistemas modulares de madera maciza y las piezas de autor se sitúan en un nivel superior.
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