























Una taza sobre su platillo tiene algo que invita a ir más despacio. Te sientas, te tomas tu tiempo, y el café después de comer o el té de la tarde se convierten en un pequeño momento propio. Las tazas son de las piezas más pequeñas de la mesa, pero dan forma a costumbres y rituales.
Según la bebida, la forma y la capacidad cambian mucho. Las tazas de espresso tienen unos 60 a 90 mililitros y paredes gruesas para que la crema se mantenga caliente. Las de capuchino, de unos 180 mililitros, son más anchas para que la espuma se reparta bien. Las tazas clásicas de café y té suelen tener entre 200 y 250 mililitros, y las de té acostumbran a ser más bajas y abiertas. El platillo recoge las gotas y deja sitio para la cucharilla o una pasta.
La porcelana es el material clásico para las tazas, porque no altera el sabor y permite paredes muy finas. El gres resulta más robusto y aporta textura, y las tazas de vidrio muestran el color del té o del café con leche. Consejo de estilo: coloca tus tazas de espresso a la vista en una balda estrecha junto a la cafetera y tendrás un pequeño rincón de café que queda bien sin buscarlo.
El precio depende del material, del grosor, de la decoración y del fabricante. Las tazas sencillas de porcelana son económicas, y las de diseño, las de pequeños talleres o con filo de oro auténtico cuestan más. Que vayan al lavavajillas y que el asa esté bien equilibrada con el peso es decisivo en el día a día.
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