























Los platos son el lienzo de cada comida. Una rebanada de pan de masa madre con aceite, un risotto o un trozo de tarta parecen enseguida más apetecibles en el plato adecuado. No es de extrañar que estén entre las piezas que más se usan del armario de la cocina.
Hay platos para cada momento de la comida. Los llanos suelen medir de 26 a 28 centímetros de diámetro, y los hondos son ideales para sopa, pasta y guisos. Los de postre o desayuno, en torno a 20 centímetros, son muy versátiles, y los pequeños de pan acompañan el plato principal. Los platos de pasta, con ala ancha y un hueco amplio, son perfectos para los espaguetis, y los bajoplatos sirven de base en las mesas de fiesta. Si compras platos sueltos, asegúrate de que caben en tu armario y en tu lavavajillas.
La porcelana es ligera, lisa y resistente, y el gres pesa más y tiene un aspecto artesanal. Los bordes irregulares y los esmaltes reactivos dan vida a la mesa, y los blancos puros se adaptan a todo. Las superficies mate se ven modernas, aunque pueden mostrar marcas de los cubiertos. Consejo: combina platos llanos grandes en blanco con otros más pequeños en salvia, arena u ocre. Así la mesa gana viveza sin perder la calma.
El precio depende del material, del proceso de cocción, del tamaño y de la marca. La cerámica hecha a mano y la porcelana de marca se sitúan más arriba, y los platos de serie sencillos son económicos. Que se apilen bien, que los bordes resistan los golpes y que vayan al lavavajillas influye en lo que duran bonitos.
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