























La cama del cuarto juvenil hace tiempo que no sirve solo para dormir. En ella se lee, se habla por teléfono, se descansa, a veces se estudia, y el fin de semana se convierte en sofá para los amigos. Por eso las camas juveniles tienen que ofrecer más que una cama infantil y, al mismo tiempo, encajar con un estilo propio que va madurando.
Son muy populares los anchos de 105, 120 o 135 centímetros, que dejan sitio incluso para un amigo que se queda a dormir. Las camas tapizadas con cabecero acolchado son cómodas para recostarse, y las camas con cajones o canapé abatible ofrecen espacio para ropa de cama, material deportivo o recuerdos. Los divanes con respaldo se transforman de día en asiento. Fíjate en el largo, porque muchos adolescentes aún crecen bastante: 200 centímetros es una elección segura.
El estilo puede volverse más adulto: estructuras de roble o nogal, camas de metal negro o tapizadas en efecto terciopelo con colores como verde abeto, antracita o terracota. Una buena idea es añadir una estantería ancha sobre la cama, donde caben libros, plantas y fotos. Con una colcha y varios cojines, la cama se convierte de día en una zona lounge.
El tamaño, el material, el tapizado y las funciones determinan el precio. Las camas sencillas de madera o metal son económicas, y las tapizadas con almacenaje y telas de calidad, bastante más caras. Ten en cuenta también el somier y el colchón.
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