























Llega un día en que la cuna se queda corta y toca estrenar la primera cama de mayor. Las camas infantiles acompañan durante muchos años y son lugar de sueño, rincón para acurrucarse y, a ratos, barco, castillo o cueva. Un buen modelo tiene que ser seguro, crecer con el niño y, aun así, dar alas a la fantasía.
La oferta abarca desde la cama individual más sencilla hasta camas casita, camas con forma de coche, camas de juego y modelos con cajón. Las superficies de descanso habituales son de 70 por 140, 90 por 190 y 90 por 200 centímetros. A edades tempranas convienen camas bajas con protección lateral, porque el pequeño puede subir y bajar sin ayuda. Con el tiempo, una medida estándar facilita encontrar colchón y sábanas. Las camas extensibles ganan longitud con los años, y los cajones inferiores guardan ropa de cama o juguetes.
Las camas lacadas en blanco aportan luz y nunca pasan de moda, la madera natural transmite calidez y los modelos de colores llenan el cuarto de alegría. Para decorar, apuesta por una base de formas tranquilas y deja que los textiles marquen el estilo: una funda nórdica estampada, un cojín con forma divertida y una alfombra suave renuevan el ambiente en un momento cuando cambian los gustos.
El precio varía según el material, el tamaño, el diseño y los extras. La madera maciza, las estructuras evolutivas, los cajones y las formas elaboradas cuestan más que las camas sencillas de tablero. Sea cual sea el modelo, comprueba que sea estable y que sus acabados tengan bajas emisiones.
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