























Una cama estrecha bajo el techo abuhardillado, al lado una pequeña lámpara y una pila de libros: las camas individuales crean refugios que se sienten tuyos. Ya sea en el primer piso propio, en un cuarto juvenil o en el estudio que de vez en cuando acoge invitados, dejan espacio para todo lo demás que importa.
La medida clásica es de 90 por 190 o 90 por 200 centímetros, y si quieres dormir más holgado tienes anchos de 105 o 120 centímetros. Si necesitas almacenaje, elige un modelo con canapé o cajones en la base. Un cabecero convierte la estructura sencilla en un lugar donde recostarse a leer, y una construcción baja hace que las habitaciones pequeñas parezcan más altas. También hay versiones con cama nido, prácticas cuando una visita decide quedarse.
La madera clara de abedul o fresno resulta amable y ligera, y un cabecero tapizado en efecto lino aporta suavidad a una habitación pequeña. Las estructuras de metal negro o tono latón dibujan líneas finas, sobre todo delante de una pared de color sereno. Un consejo: coloca tu cama individual a lo largo de la pared y apoya varios cojines contra ella; de día se convierte en un rincón para sentarse.
El precio depende sobre todo del material y de la fabricación. Las estructuras de aglomerado son económicas; la madera maciza o los tejidos de calidad cuestan más, pero suelen durar bastante más. Las funciones extra como arcón o pistones de gas también suman, y el somier y el colchón no siempre vienen incluidos.
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