























Un decantador en la mesa cambia la forma de beber. En lugar de botellas de plástico aparece un recipiente de cristal transparente con agua, rodajas de limón y hierbabuena, o un tinto recibe antes de la cena el aire que necesita. Los decantadores son sencillos, prácticos y a la vez un detalle bonito para cualquier comedor.
Hay distintos tipos según la bebida. Los decantadores para agua, de uno a 1,5 litros, suelen ser cilíndricos o ligeramente abombados y muchas veces llevan tapa o tapón. Los de vino tinto tienen una base ancha para que el vino gane superficie y pueda abrirse. Los modelos con infusor para fruta o té son ideales para bebidas aromatizadas en verano. Los más pequeños, pensados para licores como el whisky o el coñac, llevan tapones pesados y lucen muy bien en un carrito bar o sobre el aparador.
El cristal soplado a mano resulta ligero y elegante, y el cristal tallado brilla especialmente a la luz de las velas. Los decantadores de color en gris humo, ámbar o verde llevan color a la mesa, y las superficies estriadas recuerdan a hallazgos de mercadillo. Consejo de estilo: deja un decantador con un vaso a juego en la mesilla de noche y tendrás siempre agua a mano.
El precio depende de la calidad del vidrio, del proceso de fabricación y del tamaño. Los decantadores soplados a mano o de cristal fino cuestan más que los fabricados a máquina. Fíjate en que la boca sea amplia para poder limpiarlos con facilidad.
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