























Una cajita de madera sobre la cómoda y, dentro, el reloj, unos pendientes y una nota cariñosa: las cajitas guardan lo pequeño pero importante. Así llega el orden a los detalles, y muchas veces la propia cajita acaba teniendo algo de recuerdo.
Las formas son variadas. Las cajitas con bisagra se abren como un libro y las de tapa corredera se deslizan. Los modelos con compartimentos separan anillos de collares, y las versiones con tapa de cristal muestran conchas o botones coleccionados. Las cajas para relojes llevan cojines acolchados, y las cajas de recuerdos tienen sitio para cartas, entradas y fotos. También forman parte de este mundo las huchas con cerradura y las pequeñas cajas de té con divisiones. Fíjate en el interior: el terciopelo o el fieltro protegen las superficies delicadas de los arañazos.
La madera es el clásico, sobre todo el roble, el nogal o el olivo con su veta tan viva. Las cajitas forradas de piel o tela resultan suaves y elegantes, y la cerámica y el mármol aportan peso y calma. Los detalles de latón o nácar añaden pequeños puntos de luz. Idea de estilo: coloca una cajita sobre una pila de libros junto a un jarrón pequeño y tendrás en la mesilla o el aparador una composición armoniosa con muy poco esfuerzo.
Los precios dependen del material, el acabado y el trabajo artesanal. Las cajitas sencillas de cartón o pino son económicas, mientras que la madera maciza con marquetería, las cerraduras, la piel auténtica o las piezas hechas a mano en pequeños talleres cuestan bastante más.
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