























Paraguas mojado, charco en el parqué: le pasa a cualquiera que vuelve a casa un día de lluvia. Un soporte para paraguas resuelve ese pequeño problema sin esfuerzo y puede ser realmente bonito. Junto a la puerta de entrada, se convierte en un detalle que hace que el recibidor parezca pensado, sin ocupar apenas espacio.
Lo clásico es el recipiente cilíndrico en el que basta con dejar los paraguas largos. Las estructuras abiertas con aros o varillas resultan más ligeras y permiten que se sequen antes. Es importante que tenga una bandeja recogegotas extraíble o un fondo estanco para que el agua no llegue al suelo. Los modelos compactos añaden ganchos para paraguas plegables o una pequeña balda para la correa del perro y las llaves. Comprueba que sea estable para que no vuelque cuando solo haya un paraguas apoyado.
La cerámica y el gres transmiten calidad y casi parecen un jarrón de suelo, sobre todo con esmaltes mates o tonos tierra. El metal en negro o latón encaja en interiores depurados, y las versiones trenzadas de ratán aportan una textura natural, aunque funcionan mejor con un recipiente interior y en zonas secas. Sitúa el soporte junto a un perchero o un banco para formar un pequeño conjunto. En una entrada sencilla, puede lucir un color que se repita en la alfombra o en los cojines.
El precio depende del material, el tamaño y el diseño. Los soportes metálicos sencillos son económicos, mientras que la cerámica artesanal o las piezas de diseño cuestan más.
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