























Existe ese momento al final del día en que el suelo de la habitación infantil parece el escenario de una caja de bloques vaciada de golpe. Un buen almacenaje infantil convierte esa escena en un breve ritual de recogida en lugar de una búsqueda interminable. Las soluciones bien pensadas crean un orden que los niños entienden y pueden mantener ellos mismos.
Los baúles de juguetes y las cajas de almacenamiento son la base, a la que se suman cestas, bolsas de tela para colgar, cajones con ruedas bajo la cama, estanterías que muestran los libros de frente y bancos con espacio interior. Los sistemas abiertos funcionan especialmente bien con los más pequeños, porque ven dónde va cada cosa. Unos dibujos o símbolos en las cajas ayudan a clasificar. Comprueba que las tapas pesadas cierren con suavidad y que los muebles se puedan fijar a la pared.
Las cestas de fieltro o algodón son ligeras y blanditas, las de fibra de mar o ratán resultan naturales y las cajas de madera son resistentes e incluso pueden servir de taburete. Repite un mismo color en varios elementos de almacenaje: calma el conjunto aunque haya muchos juguetes a la vista. Una idea preciosa es una fila de estantes bajos con cestas y, encima, los cuentos favoritos expuestos.
El precio depende del material, el tamaño y la estabilidad. Las cajas de tela son económicas, mientras que los cajones de madera con ruedas o función de asiento y los muebles de madera maciza se sitúan más arriba. Piensa cuánto tiempo quieres que la solución crezca con tu peque.
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