























Unas ramas recogidas en un paseo, un ramo de tulipanes del mercado o nada en absoluto: los jarrones son objetos bonitos incluso vacíos. Llevan forma y material a la mesa, la estantería o el suelo, y son la manera más sencilla de traer la naturaleza a casa.
A grandes rasgos se distinguen por el lugar que ocupan. Los jarrones de mesa son de tamaño pequeño o mediano y están pensados para ramos, flores sueltas o simplemente como objeto sobre la mesa del comedor, la cómoda o el alféizar. Los jarrones de suelo son altos y estables y sostienen hierba de la pampa, ramas o grandes flores secas. Entre ambos hay floreros para un solo tallo, sets de jarrones en distintas alturas y modelos esféricos que se agrupan con facilidad.
El material y el acabado marcan mucho el resultado. El vidrio es ligero y deja ver los tallos, y el vidrio tintado o estriado añade color y textura. La cerámica y el gres con esmalte reactivo tienen un aire artesanal, la terracota resulta mediterránea y terrosa, y el metal y el mármol dan un toque refinado. Idea de estilo: agrupa tres jarrones de una misma familia de color pero con formas distintas sobre un aparador. Uno vacío, otro con una rama y el tercero con un ramito.
El precio depende del material, el tamaño, la fabricación y el diseño. El vidrio prensado y la cerámica industrial son asequibles, mientras que el vidrio soplado a boca, la cerámica torneada a mano y las piezas de diseño son bastante más caras. En los jarrones de suelo influye además el peso, que les da estabilidad.
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