























Quien haya rascado alguna vez papel viejo con paciencia infinita sabrá valorar el papel pintado no tejido. Su soporte de celulosa y fibras textiles mantiene las tiras estables y hace que empapelar sea mucho más relajado. Para muchas personas es el motivo para animarse a renovar por su cuenta, y el resultado luce de verdad.
La gran ventaja está en la colocación: aplicas la cola directamente en la pared y pegas la tira en seco. No hay tiempos de remojo, el papel no se dilata y las juntas casan a tope con precisión. Cuando quieras cambiar de nuevo, normalmente se retira en seco y de una pieza. Lo hay liso, con textura fina, como base para pintar encima o ya impreso con estampados y colores.
Estéticamente la oferta va desde lisos discretos con efecto lino o estuco hasta ornamentos intensos y geometrías. El no tejido con relieve luce especialmente cuando la luz entra de lado, por ejemplo junto a una ventana o bajo un aplique. Un consejo de estilo: combina un papel pintado no tejido estampado en una pared con una versión para pintar en el resto, así el tacto es uniforme y la estancia sigue tranquila.
En el precio influyen el gramaje, el relieve, el sistema de impresión y la marca. Las calidades más gruesas disimulan mejor pequeñas irregularidades del enlucido, y las colecciones de diseño con efectos metalizados o flocados se sitúan en la gama alta. Fíjate también en la resistencia a la luz y al lavado, sobre todo en estancias soleadas o en la cocina.
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