























Alrededor del fregadero pasan muchas más cosas de las que parece. Aquí se lavan las verduras, se escurre la pasta, se deja en remojo la olla y, de paso, se llena un vaso de agua. Por eso conviene fijarse bien en la pila y el grifo, porque ambos marcan el trabajo diario y la imagen de tu cocina.
Entre los fregaderos encontrarás modelos encastrados, que se integran en la encimera, modelos bajo encimera que dejan una superficie continua y grifos de cocina que llevan el agua justo donde la necesitas. Las pilas van desde el seno único compacto hasta las versiones grandes con escurridor o doble seno. En la grifería, el formato, la altura del caño y el manejo son lo principal. Lo importante es que ambos encajen: el grifo necesita el orificio adecuado y, al girarlo, no debe salpicar fuera del borde de la pila.
El acero inoxidable es resistente, higiénico y atemporal. Los fregaderos de granito o cuarzo compuesto existen en negro, gris o tonos arena, resultan acogedores y soportan bien los arañazos. La cerámica aporta un toque rústico a la cocina. Una combinación armoniosa surge cuando coordinas el color del grifo con tiradores o lámparas, por ejemplo latón cepillado con madera cálida o negro mate con frentes claros.
En el precio cuentan el material, el tamaño, el acabado y, en los grifos, la tecnología, como la ducha extraíble, la presión y la calidad de la válvula. Los modelos de marca con un buen cartucho se mantienen estancos durante más tiempo.
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