























Las paredes son la mayor superficie de cualquier habitación y, por tanto, una invitación a mostrar carácter. El papel pintado aporta estampado, textura y profundidad que una pared pintada difícilmente consigue por sí sola. Ya sea un efecto lino en el dormitorio, un motivo botánico en el comedor o un diseño gráfico en el recibidor, con el papel adecuado una estancia adquiere una firma propia.
La variedad es enorme. El papel pintado no tejido es hoy el estándar, porque se coloca con facilidad y se retira en seco cuando toca renovar. Los fotomurales convierten una pared entera en una imagen, como un bosque o una fotografía de arquitectura, y crean un punto focal especial. Las cenefas, en cambio, aportan detalles finos, enmarcan superficies o dividen paredes altas. Además encontrarás papeles clásicos de celulosa, papeles con relieve para pintar encima y versiones con efecto metalizado o textil.
Para un resultado armonioso ayuda una regla sencilla: los estampados grandes lucen más en una sola pared de acento y los motivos pequeños pueden recorrer toda la habitación. Toma un color del estampado y repítelo en cojines, cortinas o un jarrón; así la pared dialoga con la decoración. Los tonos naturales y apagados hacen que los muebles de madera y la cerámica parezcan aún más cálidos.
El precio del papel pintado depende del soporte, el acabado de la superficie, la calidad de impresión y el diseño. Los papeles de autor con impresión elaborada o componente textil están muy por encima de los rollos sencillos. Ten en cuenta además el casamiento del dibujo: cuanto mayor sea, más recortes habrá y más rollos necesitarás.
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