























A veces no hace falta una ducha nueva, basta con cambiar el cabezal. Esta pequeña pieza decide si el agua cae en gotas suaves, masajea con fuerza o te envuelve como una lluvia templada de verano. Los cabezales de ducha son, por eso, una de las mejoras más sencillas para ganar bienestar en el baño.
Básicamente hay dos tipos: teleduchas y rociadores fijos. La teleducha va unida al flexo y ofrece libertad de movimiento, por ejemplo para aclarar la mampara o lavarte el pelo. Los rociadores se fijan a la pared o al techo, y los de gran superficie con efecto lluvia son especialmente populares. Muchos modelos ofrecen varios tipos de chorro, desde la lluvia suave hasta el masaje estimulante o el modo eco de bajo consumo.
En materiales encontrarás plástico con acabado cromado, ligero y económico, y acero inoxidable o latón para una sensación de mayor calidad. Las boquillas de silicona eliminan la cal con solo pasar el dedo. En cuanto al color, conviene coordinar el cabezal con la grifería: negro mate con los perfiles negros de la mampara, cromo con el blanco clásico, dorado cepillado con azulejos de piedra natural en tonos cálidos. Así la zona de ducha parece hecha de una sola pieza.
El precio depende del diámetro, el material, el número de tipos de chorro y el fabricante. La tecnología de ahorro con mezcla de aire puede costar algo más, pero reduce tu consumo con el tiempo. Antes de decidirte, comprueba la rosca de conexión, que suele estar normalizada, y, en los rociadores, el brazo de pared adecuado.
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