























Discreto pero decisivo: el plato es la base de tu ducha y se encarga de que el agua se evacue con seguridad. Además, define cómo entras en ella y marca el aspecto del suelo. Entre los platos de ducha, uno extraplano y bien elegido hace la ducha más cómoda y el baño, al instante, más actual.
Los platos de ducha existen en formato cuadrado, rectangular, pentagonal y semicircular, a juego con la forma de la cabina o de la mampara. Los modelos extraplanos, de muy pocos centímetros de altura, permiten una entrada casi a ras de suelo y resultan especialmente cómodos cuando la accesibilidad es importante. Los platos enrasados se instalan al nivel del pavimento y crean un suelo continuo. Las medidas estándar parten de 80 x 80 centímetros, y los grandes rectangulares alcanzan los 180 centímetros de largo.
En cuanto al material, el acrílico es ligero, cálido y económico, y el acero esmaltado, robusto y duradero. La resina con cargas minerales tiene un acabado mate y aterciopelado, agradable bajo los pies, y muchos modelos imitan la textura de la pizarra con una superficie antideslizante. No tienes por qué quedarte en el blanco: antracita, beige o gris cemento combinan de maravilla con azulejos naturales. Un consejo: elige el plato en el tono del suelo y el pavimento fluirá por todo el baño sin cortes visuales.
El precio lo marcan el material, el tamaño, la forma, la capacidad antideslizante y el sistema de evacuación. La resina y los platos cortados a medida cuestan bastante más que el acrílico en tamaño estándar. Ten en cuenta también la válvula y el soporte.
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