























Una cabina de ducha mantiene el agua donde debe estar y crea una zona bien delimitada dentro del baño. Sobre todo en espacios pequeños o en baños familiares, donde por la mañana todo va con prisa, aporta orden y suelos secos. Y, con vidrio transparente, puede resultar sorprendentemente ligera y luminosa.
Las cabinas de ducha tienen distintas formas básicas. Las angulares de planta cuadrada, habitualmente de 80 x 80 o 90 x 90 centímetros, aprovechan la esquina al máximo. Las semicirculares tienen un frente curvo y necesitan menos espacio delante de la puerta. Las pentagonales ofrecen más libertad de movimiento, y las frontales se instalan entre dos paredes. En cuanto a las puertas, puedes elegir entre abatibles, pivotantes, correderas y plegables; las correderas son las que menos espacio ocupan en un baño estrecho.
Busca vidrio templado de al menos seis milímetros de grosor y un tratamiento fácil de limpiar. El vidrio transparente agranda visualmente el baño, mientras que el mate da intimidad en baños compartidos. Los perfiles cromados son clásicos, el negro mate resulta moderno y gráfico y el dorado cepillado, cálido. Un consejo: combina una cabina negra con azulejos claros de gran formato y una ducha efecto lluvia sencilla, y la ducha parecerá casi arquitectónica.
El precio depende del tamaño, la forma, el grosor del vidrio, la calidad de los perfiles y el mecanismo de las puertas. Los modelos con sistema de elevación o sin perfiles cuestan más, pero se limpian con mayor facilidad. Las cabinas que incluyen plato suelen salir más a cuenta como conjunto completo.
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