























A medio camino entre el sillón y la cama hay un mueble dedicado por completo al descanso. Las tumbonas reclinables te invitan a estirarte del todo, subir las piernas y pasar media hora leyendo, escuchando música o mirando por la ventana.
Su construcción varía bastante de un modelo a otro. Las clásicas tienen una superficie ergonómica y fluida que mantiene el cuerpo en una postura relajada. Otras se regulan sin escalones, a mano o con motor, y pasan de una postura sentada a una posición totalmente horizontal. Las versiones cantilever o basculantes aportan un ligero movimiento, y los modelos con almohada sostienen la nuca. Fíjate en la longitud de la superficie y en que se ajuste a tu estatura.
Como las tumbonas reclinables son bastante largas, necesitan un lugar bien elegido, por ejemplo junto a la ventana o en un rincón tranquilo. Una estructura de madera curvada resulta ligera y nórdica, mientras que el cromo y la piel recuerdan a los célebres diseños de la modernidad. Una funda de lana de oveja o un cojín de lino la hacen aún más acogedora. Coloca al lado una mesita donde quepan el té y el libro.
Las diferencias de precio vienen del mecanismo, la motorización, el material de la estructura, el acolchado y la tapicería. Los iconos de diseño y las tumbonas motorizadas de piel natural se sitúan muy por encima de los modelos sencillos tapizados en tela.
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