













Planos, densos y con un tacto agradablemente natural: los colchones futón nacieron en Japón y combinan de maravilla con una decoración sencilla y depurada. Sobre una cama baja, encima de un tatami o como cojín de asiento en un sofá cama, aportan calma a cualquier estancia.
Lo que más diferencia a unos futones de otros es su composición. Los modelos clásicos se hacen con varias capas de guata de algodón bien cosidas, que forman una superficie más bien firme. Las versiones actuales combinan el algodón con fibra de coco, látex, lana o espuma para afinar el confort y aligerar el peso. Muchos se pueden enrollar o plegar, de modo que durante el día los guardas o los usas como asiento. Su altura suele estar entre 8 y 20 cm.
Un futón agradece algo de cuidado. Dale la vuelta de vez en cuando y airéalo en un día seco para que el algodón se mantenga esponjoso. Una funda de lino o de algodón sin teñir realza su carácter natural. Idea de estilo: coloca el futón sobre una tarima baja de madera, añade unos cojines de lino y una manta de lana, y tendrás un rincón para el día que también sirve de cama de invitados.
El precio depende de la mezcla de materiales, del grosor y del origen del relleno. Los futones de algodón puro suelen ser asequibles, mientras que las combinaciones con látex natural, lana de origen controlado o algodón orgánico certificado cuestan más. Los futones artesanales de pequeños talleres tienen un precio acorde a su elaboración.
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