























Sin hacer ruido, los colchones de espuma fría se han ganado un sitio en muchísimos dormitorios. Son ligeros, se adaptan punto a punto y resultan fáciles de convivir con ellos, una buena base si quieres un descanso equilibrado sin grandes concesiones.
Su nombre viene del proceso de fabricación, en el que la espuma se cura a una temperatura relativamente baja. Así se crea una estructura de poro abierto que transpira bien y se adapta con flexibilidad al cuerpo. Varias zonas de descanso, a menudo siete, sostienen de forma distinta hombros, cadera y zona lumbar. Al ser flexibles, combinan muy bien con somieres regulables o eléctricos, y los modelos reversibles con dos firmezas suman todavía más versatilidad.
El dato decisivo es la densidad, expresada en kilos por metro cúbico. Un valor más alto indica más material y, por lo general, una vida útil más larga. Busca también una funda lavable, mejor de algodón, Tencel o con banda transpirable en el lateral. Consejo: si eres de los que pasan calor por la noche, elige un modelo con canales de ventilación o combínalo con un topper transpirable para que el descanso siga siendo fresco y seco.
El precio lo marcan sobre todo la densidad, la zonificación, la altura y la calidad de la funda. Los modelos sencillos son bastante asequibles, mientras que los de alta densidad, con capa de gel o funda de fibras naturales cuestan más, aunque también conservan su forma durante mucho más tiempo.
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