























Pocos materiales responden con tanta viveza a cada movimiento como el látex. Los colchones de látex recuperan su forma con elasticidad, sostienen con precisión y resultan a la vez suaves y firmes, una sensación que muchos describen como especialmente armoniosa.
Se distingue entre látex natural, obtenido de la savia del árbol del caucho, látex sintético y mezclas de ambos. El natural se considera especialmente elástico y duradero. En el núcleo, unas cavidades o canales de ventilación permiten que circule el aire. Suelen pesar más que los colchones de espuma, pero a cambio son estables y silenciosos, incluso cuando la otra persona se da la vuelta. Además, se flexionan bien y encajan con somieres articulados.
Si valoras lo natural, combina un colchón de látex natural con una funda de algodón orgánico, lino o lana virgen. Así creas un rincón de descanso con una temperatura agradable y libre de olores intensos. Un consejo: colócalo sobre un somier con muchas láminas juntas para que apoye de forma uniforme y se ventile bien. Airearlo unas horas después de desembalarlo evita que se quede el ligero olor propio del material.
El precio depende sobre todo de la proporción de látex. Los colchones de látex natural al cien por cien se sitúan claramente por encima de las versiones sintéticas. La altura, la zonificación, el proceso de fabricación y la funda también cuentan. Eso sí, su larga vida útil suele compensar la mayor inversión inicial.
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