























La maceta de plástico del vivero es práctica, pero rara vez bonita. Las macetas decorativas resuelven el problema con elegancia: colocas la planta dentro con su tiesto de cultivo y la conviertes en un objeto con diseño que encaja con tu casa, tanto en el aparador del salón como en la terraza.
La diferencia está en los detalles. Muchos maceteros decorativos no tienen agujero de drenaje y son estancos para que el agua no llegue al mueble ni al suelo, así que conviene vaciar el exceso después de regar para que las raíces no se pudran. Hay macetas pequeñas para suculentas y aromáticas en el alféizar, tamaños medianos para una monstera o un ficus y grandes cestas para palmeras y olivos jóvenes.
Aquí puedes jugar de verdad con el estilo. La cerámica con acabado esmaltado o mate resulta refinada y de calidad, la terracota cálida y terrosa, y las cestas trenzadas de fibra marina o ratán aportan textura y ligereza. El hormigón y el metal encajan en interiores modernos y minimalistas. Un consejo de estilo: agrupa tres macetas de distintas alturas dentro de una misma familia de color, por ejemplo crudo, arena y topo. Un soporte de madera eleva una pieza concreta y da profundidad a la esquina.
Las diferencias de precio se deben al material, el tamaño, el trabajo manual, la técnica de esmaltado y el diseño. La cerámica artesanal o las macetas de diseño cuestan más que las versiones industriales de plástico.
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