























Sobre la cómoda de la entrada, encima del lavabo o como foco de atención sobre el sofá: los espejos de pared definen el muro en el que cuelgan y transforman la luz de toda la habitación. Un espejo de pared bien elegido funciona como un cuadro, solo que más vivo, porque cambia con cada punto de vista.
Las formas son de lo más variadas. Los espejos redondos están entre los favoritos y transmiten suavidad, los ovalados estilizan, y los rectangulares y cuadrados ordenan la pared. Los de contorno orgánico y fluido aportan ligereza, y los espejos sol con su corona de rayos, un guiño retro. Para el baño existen modelos con luz LED integrada y función antivaho, y para pasillos estrechos, formatos verticales y esbeltos.
En el marco también tienes total libertad: sin marco y minimalista, con un perfil fino de metal, de ratán y yute en clave boho, de madera o con un marco dorado de aire barroco. Un apunte sobre la altura: el centro del espejo debería quedar más o menos a la altura de los ojos. Sobre un sofá o un aparador resulta armonioso si ocupa unos dos tercios del ancho del mueble. Varios espejos pequeños agrupados como un collage pueden sustituir a una pared de cuadros.
En el precio mandan el tamaño, la calidad del cristal, el marco y la tecnología. Los espejos grandes con bisel, marco de madera maciza o iluminación son más caros que los modelos de serie sencillos. Para los más pesados necesitas tacos y sistemas de colgado adecuados, que a menudo vienen incluidos.
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