























Tener una sauna en casa es más que un lujo: es un lugar donde el tiempo pasa más despacio. Cerrar la puerta después de un día largo, oler la madera y dejarte envolver por el calor crea una calma que pocos espacios ofrecen. Con la cabina adecuada, esta experiencia pasa a formar parte de tu vida cotidiana.
Las saunas se presentan en muchos formatos. Las de interior, de madera maciza o por paneles, caben en un sótano, una buhardilla o un baño amplio. Las de esquina aprovechan al máximo el espacio, y los modelos con gran frente acristalado resultan abiertos y luminosos. Para el jardín hay saunas de barril, casetas con vestíbulo o saunas compactas de exterior. Las cabinas de infrarrojos funcionan con calor radiante a temperaturas más bajas y son una buena opción si tienes poco sitio o prefieres un calor más suave.
El tipo de madera y el grosor de las paredes influyen en el resultado. El abeto y el hemlock son claros y clásicos, la madera termotratada es oscura y elegante y el cedro desprende un aroma intenso. Para un ambiente de spa, combina un frente de vidrio con iluminación indirecta bajo los bancos y unas cuantas plantas grandes en la antesala.
El precio lo determinan el tamaño, el tipo de madera, el grosor de las paredes, la superficie acristalada, el calentador y el control. Las saunas de exterior necesitan cimentación, cubierta y a menudo una toma eléctrica en el jardín. Infórmate antes sobre la normativa urbanística de tu municipio, porque en las casetas más grandes puede hacer falta un permiso.
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