























Pocos textiles pasan tantas veces por tus manos como el paño de cocina. Seca copas, sujeta asas calientes, repasa la encimera y después queda colgado a la vista en el horno o en la barra. Por eso unos buenos paños de cocina son pequeños compañeros cotidianos que unen función y belleza.
Lo decisivo es la capacidad de absorción. El lino puro y las mezclas de lino absorben el agua rápido y no sueltan pelusa, perfectos para la cristalería. El algodón es más suave y también absorbe bien, mientras que el rizo o el nido de abeja sirven para secar manos y cacerolas. Muchos llevan una presilla que facilita el secado. El formato suele rondar los 50 por 70 centímetros, y algunos modelos más grandes sirven también para cubrir la panera.
En diseño cabe casi todo. Los cuadros y rayas clásicos en rojo, azul o verde evocan las cocinas de campo, y los lisos en tonos piedra, arena o antracita acompañan frentes modernos. Una idea: elige dos colores que ya tengas en la cocina, por ejemplo en la cerámica o los azulejos, y deja que los paños los repitan. Doblados en una estantería abierta parecen casi decoración.
En el precio mandan el material, la densidad del tejido y la confección. El lino cuesta más que el algodón, pero se mantiene bonito durante más tiempo. Los lotes de tres o cinco paños suelen salir más económicos por unidad.
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