























Una tira estrecha de tela en el centro de la mesa y, de repente, todo gira en torno a un eje. Los caminos de mesa ordenan el espacio entre los platos, dan protagonismo a velas, jarrones y cuencos y dejan ver a los lados la bonita veta de la madera. Son ideales si no quieres cubrir la mesa por completo.
La mayoría mide entre 30 y 50 centímetros de ancho. En cuanto al largo hay dos opciones: que termine sobre el tablero o que cuelgue unos 15 a 25 centímetros por cada extremo. Una caída más larga resulta más generosa y festiva. Para mesas redondas funcionan los modelos cortos o dos caminos cruzados. También quedan muy bien sobre aparadores, cómodas o la isla de la cocina.
El lino es el material favorito para un estilo natural, porque cae con soltura y sus arrugas tienen encanto. El yute y el algodón aportan un carácter rústico y el terciopelo resulta elegante y cálido en los meses fríos. Un consejo de estilo: usa el camino como base para una decoración de temporada, en otoño con calabazas y hojas, en primavera con ramas en jarrones de cristal sencillos. Si te apetece jugar con el color, coloca uno intenso sobre un mantel neutro.
El precio varía según material, longitud y tipo de tejido. Los de algodón sencillo son asequibles, mientras que los tejidos a mano en lino o lana, o los que llevan flecos, bordados o vainica, cuestan más y duran mucho.
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