























Cuando la masa se pega, la salsa salpica o recoges hierbas aromáticas en la terraza, un buen delantal vale oro. Los delantales de cocina ya son mucho más que una protección para la ropa. Colgados de un gancho forman parte del ambiente, y al ponértelos cocinar se siente un poco más consciente.
La forma más habitual es el delantal con peto, que cubre torso y piernas y se sujeta con una cinta al cuello o con tirantes cruzados a la espalda. Los tirantes cruzados descargan la nuca y resultan especialmente cómodos. Los delantales de cintura o de bistró solo cubren de la cadera hacia abajo y son perfectos para ratos cortos. Detalles útiles son los bolsillos para el termómetro o el móvil, las correas regulables y una presilla para el paño. También existen versiones infantiles para los pequeños ayudantes.
Algodón, lino y lona son materiales resistentes y lavables. El algodón encerado o los tejidos recubiertos repelen líquidos y van muy bien para la barbacoa o la repostería. Un delantal de lona gruesa en verde oliva o tabaco parece casi una pieza de taller artesano. El lino en blanco roto o azul suave, en cambio, encaja con una cocina clara de aire rústico. Si quieres, repite su color en los paños y la cocina parecerá hecha de una pieza.
En el precio cuentan la calidad del tejido, los acabados y detalles como correas de cuero u ojales metálicos. Los de algodón sencillo son económicos, mientras que los de lona o lino gruesos con tirantes cruzados cuestan más, pero resisten un uso intenso.
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