























Recién puesta, fresca y suave a la vez: la ropa de cama adecuada convierte la hora de ir a dormir en un pequeño ritual que los peques esperan con ilusión. La ropa de cama infantil también define el aspecto de la habitación, porque la cama suele ser el mueble más grande y atrae la mirada de forma natural.
Lo primero es la medida. Para cunas lo habitual son colchones de 60 x 120 o 70 x 140 centímetros, y para camas infantiles y juveniles la cama de 90 centímetros es la más común. Las sábanas bajeras y las fundas nórdicas deben ajustarse a esas medidas, igual que las fundas de almohada. Las cremalleras suelen ser mejor opción que los botones, porque los deditos curiosos no pueden juguetear con ellas.
El algodón es el estándar, pero el tipo de tejido marca la diferencia. El algodón tafetán es resistente y económico, el percal fresco y crujiente, el satén liso con un ligero brillo, la muselina vaporosa y suave, y la franela calentita para el invierno. Sellos como Oeko-Tex o GOTS indican textiles analizados frente a sustancias nocivas. Idea de estilo: combina un juego estampado con una sábana lisa y una colcha en el mismo tono, y la cama se verá serena aunque el motivo sea juguetón.
El precio depende del material, la densidad de hilos, la certificación y el motivo. Los diseños con licencia y las calidades ecológicas están por encima, y la ropa de cama lisa suele ser económica. En el día a día es práctico contar con dos juegos por cama.
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