























Antes de la bajera, antes del nórdico y de los cojines, hay una capa que casi nadie ve y que lo cambia todo: los protectores de colchón. Forman parte de la ropa de cama igual que las sábanas y se ocupan de que el sudor, un café derramado en un desayuno perezoso o los restos de crema de la noche no lleguen nunca al colchón. Como este no se mete en la lavadora, protegerlo es la manera más sencilla de alargar su vida.
Según cómo se fijen, verás tres grandes familias. Los más básicos se sujetan con cuatro gomas en las esquinas y se ponen en segundos. Los ajustables, con un faldón elástico en todo el contorno, se comportan como una sábana bajera y no se mueven por mucho que te gires. Las fundas con cremallera cubren el colchón entero y son la opción preferida cuando hay alergia a los ácaros. Si en casa hay peques o un perro que duerme a los pies, los modelos impermeables dan mucha tranquilidad.
Por arriba suelen llevar algodón, rizo o acolchado, y en los impermeables una lámina fina que deja pasar el vapor pero no los líquidos. El rizo de algodón absorbe bien y resulta agradable, el acolchado añade un punto de mullido extra y el lyocell aporta frescor en las noches de verano. Un detalle que se agradece: elige un protector que no haga ruido al moverte y que admita lavados a temperatura alta, así podrás higienizarlo de verdad cada vez que cambies las sábanas.
Lo que pagues dependerá de la medida, del tejido y de las funciones añadidas. Los sencillos de algodón son asequibles, y los impermeables, transpirables o termorreguladores suben de precio, más aún en camas de 160 o 180 centímetros o en colchones muy altos.
En homelivio.es reunimos protectores de colchón de distintas tiendas para que elijas con calma el que mejor encaje con tu cama y con tu forma de descansar.







































































































































