























En la isla de la cocina se pica, se prueba y se charla, y quien se sienta al lado en un taburete de bar está en el centro de todo. Los taburetes de bar acercan a invitados y familia a la acción y convierten una barra en un punto de encuentro animado. Como suelen colocarse en grupo, marcan mucho la imagen de la cocina.
El criterio más importante es la altura correcta. Para encimeras de unos 90 centímetros encajan asientos de entre 60 y 65 centímetros; para barras de unos 110 centímetros, mejor de 75 a 80. Entre el asiento y el tablero deberían quedar unos 25 a 30 centímetros de holgura. Los modelos regulables con pistón de gas son flexibles, y la función giratoria facilita levantarse. Un respaldo hace más cómodos los ratos largos, mientras que los taburetes sin respaldo desaparecen por completo bajo la barra. Un reposapiés es imprescindible para que las piernas descansen.
La madera con asiento tapizado resulta acogedora y encaja en cocinas de estilo nórdico. El metal negro con ratán o rejilla vienesa aporta ligereza, y el terciopelo o el bouclé suman una nota suave y acogedora. La polipiel es práctica si hay niños en la barra. Nuestro consejo: elige taburetes de silueta estrecha si la cocina es pequeña y retoma un tono de los frentes o de la encimera.
En el precio cuentan la estructura, la tapicería y la mecánica. La madera maciza, la piel natural, los giros robustos y los diseños de autor cuestan más que los taburetes metálicos sencillos. Como normalmente necesitas de dos a cuatro, merece la pena fijarse en los packs.
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