























Pequeñas, ligeras y justo a la altura adecuada: una silla propia les da a los niños la sensación de que ese es su sitio. Las sillas infantiles son el asiento para pintar, hacer puzles y jugar con plastilina, para tomar el té con los peluches o escuchar un cuento, y a menudo viajan de una punta a otra de la casa en brazos de sus dueños.
Lo habitual son alturas de asiento de unos 25 a 35 centímetros, pensadas para mesas de juego. Hay sillas con respaldo, pequeños taburetes, butacas en miniatura, modelos apilables para hermanos y visitas, y conjuntos con mesa a juego. Para los más pequeños, los reposabrazos ayudan porque dan apoyo al sentarse. Fíjate en que tengan patas anchas o patines, cantos redondeados y un peso que tu peque pueda mover sin ayuda.
La madera maciza de haya, abedul o pino es prácticamente indestructible y gana una pátina bonita con el tiempo. El plástico es lavable y ligero, y los materiales reciclados son una buena alternativa. Las pequeñas butacas de pana o tejido borreguito hacen mullidos los rincones de lectura. Una idea de estilo: una silla infantil en el salón, junto al sillón grande, resulta encantadora y le da a tu peque un lugar en plena vida familiar, sobre todo si se repiten el color y el tono de la madera.
En el precio influyen el material, el acabado, el diseño y el número de piezas del conjunto. Los taburetes sencillos son económicos; las sillas de diseño o los conjuntos de madera maciza cuestan más, pero pasan sin problema de un hermano a otro.
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